Verdadero fenómeno cultural:
¡eso es la bienal de la habana!
La Bienal de La Habana ha devenido con el paso de los años un significativo fenómeno cultural tanto dentro del contexto cubano como en el ámbito creativo internacional. Con motivo de su treinta aniversario en esta duodécima edición cabría recordar que fue en la década del ochenta del pasado siglo cuando surgió en nuestro escenario este proyecto que generó, desde el inicio, un necesario espacio de debate y defensa de las potencialidades del quehacer artístico local, así como reflexiones múltiples sobre las tan llevadas y traídas relaciones centro-periferia. A partir de entonces Latinoamérica consigue insertarse en los circuitos foráneos del arte [sin olvidar São Paulo] y se reconocen, a su vez, los aportes de los creadores de la región como irradiadores de nuevas maneras de hacer en un mundo globalizado. De forma paulatina, en la medida en que se lograba una solidez curatorial, se fueron incorporando otras geografías, por lo que hoy se puede afirmar categóricamente que la representatividad de artistas de casi todos los países ha ido in crescendo. Cabe destacar, en primer lugar, que singulariza este evento el hecho de que aboga por el reconocimiento de la diversidad e intenta potenciar el arte y la cultura como vía para el entendimiento humano. En esta oportunidad se reafirma nuevamente su premisa fundamental, que ha sido pensar en el sujeto receptor, lo cual pone de relieve un enfoque sociológico.
De tal suerte se ha propuesto con el tema Entre la idea y la experiencia porque, justamente el arte, desde esa subjetividad que lo distingue, no puede mantenerse al margen de los más elementales hechos de la cotidianidad. Asimismo, configura, [re]construye, reproduce modos de vida, costumbres, conflictos sociales, contextuales. Al tiempo que muestra –aunque algunos lo nieguen– el modo en que los creadores aprehenden la realidad presente o resemantizan la pasada. No es fortuito entonces que numerosos espacios de la capital como galerías, áreas públicas, talleres, comunidades puntuales de algunos municipios, entre otros, se conviertan en escenario de las proposiciones de una amplia nómina de artistas consagrados y noveles, así como de colectivos de trabajo. Todo ello en aras de vincular públicos heterogéneos a iniciativas múltiples que informen, fomenten y estimulen el interés por los modos contemporáneos de discursar. La integración de las visiones de diseñadores, fotó- grafos, arquitectos y otros profesionales del gremio procedentes de diversas nacionalidades se ha puesto en función de suscitar las tan disímiles reflexiones que desde una postura –muchas veces provocadora– el arte logra con tamaña fuerza. A través de las intervenciones públicas se ha pretendido enriquecer –de manera transitoria– la visualidad de la urbe habanera. Es preciso señalar, en este caso, los proyectos interdisciplinarios Arte, Industria y Paisaje, coordinado por arquitectos con la colaboración de estudiantes de esta especialidad, así como el Taller en el barrio Colón. Arte, arquitectura y diseño. Ambos corroboran esa importante y necesaria fusión entre diferentes manifestaciones artísticas que dan como resultado propuestas estético-funcionales. Para una zona privilegiada en cuanto al trabajo de recuperación y reestructuración de edificios y del área urbanizada en cuestión como es el malecón capitalino se propuso el proyecto Detrás del Muro. Aunque son varias las propuestas que aquí se exhiben, especial destaque merece la escultura monumental Primavera del artista Rafael Miranda San Juan, ubicada en Malecón y Galiano. Se trata de un rostro femenino de notable factura que representa –según afirma su autor– a la mujer cubana. Esta es la única pieza que quedará definitivamente emplazada. Por otro lado, el performance se erige, nuevamente, como modalidad comunicativa eficaz en tanto los espectadores suelen convertirse muchas veces en parte de la acción representada. Ello se debe a que el creador pone en práctica sus estrategias de seducción con este proceder a través de “descabelladas” escenas u otras actitudes.
En lo que concierne al programa colateral resulta de interés mencionar la favorable acogida de las muestras personales o colectivas de los creadores en sus propios talleres como parte de lo que se ha denominado Estudio Abierto. Es destacable además que el complejo Morro-Cabaña ha aunado un amplio número de propuestas –en su mayoría– de sumo interés dentro de la producción artística contemporá- nea por la acertada expresión de un contenido y la renovadora solución formal. En el plano teórico, como de costumbre, se ha profundizado en importantes cuestiones a través de conferencias, debates y otros modos idóneos de intercambio.Es preciso distinguir, especialmente, el provechoso diálogo generado con las intervenciones de significativos exponentes del arte como Joseph Kosuth, Michelangelo Pistoletto y Daniel Buren, así como de especialistas de diversas esferas de la cultura. En síntesis, cabe apuntar que este evento a partir de las iniciativas concebidas, ha continuado contribuyendo, sobremanera, a ampliar los horizontes de la cultura visual cotidiana al tomar los espacios abiertos como escenarios para el ejercicio creativo.
Lo realmente indudable es que se trata de un certamen que goza en la actualidad de un gran prestigio en todo el mundo y se ha convertido, en consecuencia, en uno de los más importantes acontecimientos de carácter artístico que se generan en nuestra región, y en especial, en la capital cubana. Mostrar todos los caprichos del arte en sus diversas modalidades a través de obras que indagan en terrenos polémicos, francamente necesarios, obras que por demás solo se completan de significados con la acuciante mirada del espectador común o especialista en la materia, ha sido premisa de estos encuentros. No hay lugar aquí para las exclusiones absurdas, sino para el enriquecedor debate teórico; así como para lograr que el arte no solo incida en la vida de las personas, sino que la vida de las personas incida también en esta praxis, aunque como pudieran pensar algunos, puede haber mucho de utopía en eso. Mientras se defiendan tales propósitos cada dos, tres o más años, podremos hablar de la existencia de nuestra bienal, esa que pone a la capital en total agitación y entusiasmo.
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