Monday, October 16, 2017

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Congreso Internacional

Latin American Studies Association (LASA)


Asociación de Estudios Latinoamericanos 

Lima, Peru, 2017



Hablando de género: un acercamiento al discurso cerámico femenino de las iniciadoras y las artistas de hoy


Resumen
Apreciable es la inquietud que existe desde hace muchos años por resaltar en Cuba el papel de las féminas en distintos ámbitos del panorama nacional, lo cual no escapa a la cultura y, específicamente, a la producción plástica. En manifestaciones preteridas dentro del contexto creativo como lo ha sido la cerámica es posible constatar también la presencia de creadoras que han realizado una encomiable labor en  talleres privados, estatales, familiares o de manera independiente. De ahí que esta ponencia se propone con el tema “Hablando de género: un acercamiento al discurso cerámico femenino de las iniciadoras y las artistas de hoy”.
Este trabajo versará entonces sobre el quehacer cerámico femenino por cuanto en este se pone de relieve, sobre todo, en los últimos veinte años las preocupaciones de las ceramistas sobre sus propios roles sociales y, en sentido general, respecto a la problemática humana. Es preciso señalar además que la investigación ofrecerá, en primer término, consideraciones generales sobre aquellas artistas que constituyen antecedentes significativos ya que de forma puntual emergen algunos asuntos de género en sus obras. Asimismo, hace especial énfasis en el análisis de las poéticas que en este sentido afloran –de manera muy consciente- en las propuestas de Martha Jiménez, Teresa Sánchez y Judith Valdés.  


Introducción
Amén cuando el movimiento de la cerámica artística cubana se haya nutrido fundamentalmente por hombres dada la tradición alfarera existente de padre a hijo; es también importante la nómina de mujeres que han mostrado su interés a partir de la segunda mitad del siglo XX, momento considerado por la crítica especializada como el del surgimiento de esta disciplina con fines puramente artísticos en país.

A la altura del 2017 acercarse a esta manifestación exige una mirada hacia sus diversos y trascendentales períodos. En ese retorno al pasado y con las miras puestas también en lo más inmediato se advierte que, desde el Taller de Santiago de las Vegas, así como el de Cubanacán -que fomentaría el desarrollo de obras con carácter escultórico-, la aparición del grupo Terracota 4, hasta llegar al Taller de Cerámica del Instituto Superior de Arte y su grupo Barro Espiritual, está presente la mujer creadora. 

En la decoración y realización de vasijas resaltaron artistas como Amelia Peláez y también Marta Arjona, Mirta García Buch, Rebeca Robés Masés, Zaida del Río, Isabel Gimeno y otras. En lo que a la cerámica escultórica se refiere fue Julia González, quien daría los primeros pasos; Iliana Gutiérrez, Amelia Carballo, Natacha Chailloux y Grisel Rivera destacan entre las continuadoras de esta línea creativa.

Con la fundación del Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana en 1990 tuvo lugar un cambio importante para la manifestación en tanto comenzó a resaltar con mayor fuerza dentro del contexto cultural cubano. La labor expositiva y divulgadora de esta instancia a través de varias actividades, especialmente, las bienales ha permitido el acercamiento de un grupo considerable de creadoras para quienes el barro constituye un medio idóneo en pos de expresar sus inquietudes ideoestéticas.

Además de este espacio legitimador no debe ignorarse el desarrollo de los esporádicos Salones de Arte Cubano Contemporáneo a partir de 1995, entre otros eventos culturales que han acontecido en diferentes provincias del país y en los que la cerámica de la mano de consagradas y jóvenes ha sido acogida. A los certámenes ya citados se han incorporado Martha Jiménez, Teresa Sánchez y Judith Valdés cuyas obras participan de esa redefinición de la disciplina y reflexionan, al mismo tiempo, sobre problemáticas vinculadas con el género con una explícita dosis de lo que pudiéramos denominar yoismo o desde posturas más oblicuas. Es por ello que puede plantearse que (…) sus indagaciones han tratado de abarcar nuevas perspectivas incluyendo diversos enfoques asociados a: la raza, la etnicidad, las preferencias sexuales, la situación social, etc. con el afán de repensarse, autodefinirse y encontrarse.[1] Impactantes resultan las piezas de estas creadoras tanto por los lenguajes que trabajan como por los criterios emitidos.  Por tanto, puede decirse que en la historia más reciente de la manifestación, hay una notable y asidua participación femenina con propuestas que ponen de relieve significativos síntomas de solidez y maduración.


Desarrollo
I.              Algunos tanteos sobre el tema de género en la cerámica femenina
Amelia Peláez del Casal (La Habana, 1896 – 1968) fue principalmente quien propició, con su trabajo asiduo durante cinco años, que la cerámica decorada por pinturas adquiriera suficiente presencia para figurar definitivamente como una manifestación representativa más del arte cubano.[2]Su primer acercamiento a la disciplina fue a partir de su incorporación al reconocido taller de Santiago de las Vegas. Desde el punto de vista temático es válido señalar que la figura femenina empezó a ocupar el centro de su discurso plástico. En este sentido, resaltan piezas como Fuente de las danzantes, Porrón de la mujer y el bien logrado Frutero de las pescadoras en que no se ha representado a la fémina sublimada, sino que se trata de una graciosa escena popular muy vital en la que las mujeres están en plena actividad cotidiana. Partiendo de diversos referentes esta artista logró reflejar la cotidianidad en muchos casos desde sus propias experiencias en el seno familiar. Cualquiera de las féminas representadas bien pudieran ser sus hermanas, madre, e incluso,  ella misma con todas sus preocupaciones.
Sumamente interesante resulta el proceder de Mirta García Buch (Matanzas, 1919 – 1996), quien halló en el universo mítico – religioso afrocubano una fuente inagotable de inspiración. Penetró así en zonas vedadas para una mujer por cuanto religiones como la Abakuá es exclusiva para hombres. Mas esta limitación no supuso una limitación para la creadora que recreó tanto en platos, porrones, jarras, vasos y cualquier otra superficie de sus variadas vasijas las deidades, mitos, tradiciones rituales, símbolos. Desde el punto de vista formal resulta importante tener en cuenta que se trata de una artista que pretendía estar a tono con los lenguajes expresivos en boga, especialmente, por su afiliación a una tendencia geometrizante. Tampoco escaparon de sus realizaciones muchos de los animales asociados justamente a los mitos ancestrales africanos. También es necesario resaltar que muchas de sus composiciones tuvieron como protagonistas a personajes provenientes de los denominados cuentos negros y de las tradiciones orales como, por ejemplo, los diablitos. Algunas de las piezas que han de destacarse son Plato Los elementos, Gran vaso de Iroco, Vaso de la deidad, Plato de Oyá. Fue esta una manera peculiar de acercarse a sus propias preocupaciones ya que personalidad tan singular como la suya – que tuviera de chino y negro a la vez- existen pocas. No podría ser otro su vehículo más eficaz de expresión.

Por su parte, en las piezas de Zaida del Río (Villa Clara, 1954) se aprecian inquietudes similares a las plasmadas en otros soportes. Si en un inicio dada su formación como dibujante, era crucial el dibujo en negro con muy poco color, de manera paulatina no solo incorporó nuevas y variadas tonalidades, sino que reveló un mayor dominio del espacio. La figura femenina quedó representada, la más de las veces desnuda, en medio de una exuberante vegetación o junto a diferentes animales del monte para aludir así a esa vida de sosiego y tranquilidad que se respira en los espacios rurales. Todo ello con motivo de su propia experiencia ya que creció en el seno de una familia campesina. A lo anterior cabe añadir que el componente de autorreferencialidad no está exento de algunas de sus creaciones, pues en determinadas piezas su propio rostro se integró al resto de los elementos de la naturaleza representada. El autorretrato tan caro a la historia del arte fue muy importante en pos de autodefinirse física y emocionalmente.

Isabel Gimeno (Villa Clara, 1949) incursionó en la manifestación tanto en la decoración de vasijas como en la modalidad del mural. Animan sus platos un universo -si se quiere surrealizante- en el que elementos provenientes del entorno natural, animales y, sobre todo, la figura humana comparten un mismo escenario, que a decir de muchos parece extraído de los cuentos infantiles, lo que pudiera tener su base en el ejercicio que realizara como ilustradora durante algún tiempo. En fin, la artista extrae personajes de la cotidianidad y los coloca en disímiles espacios, junto a objetos igualmente variados. Una de sus series más conocidas es “De lo cubano”, que por su título podría pensarse que Isabel está interesada en dejar plasmado en sus composiciones motivos característicos de nuestra geografía. Sin embargo, desde una postura más convencional ahonda en asuntos asociados con lo femenino al presentar a la fémina en su vida en pareja y en sus actividades cotidianas.

Otra artista de obligada mención en cuanto al cultivo de la cerámica escultórica es Amelia Carballo Moreno (Isla de la Juventud, 1951), quien integró en la década de los ochenta el grupo Terracota 4. El tema familiar y las relaciones sociales han sido asuntos centrales en la mayoría de sus obras que parten de una iconografía característica. Esta manera de solucionar formalmente las propuestas se le ha denominado gallináceas o minigallináceas, y no son más que formas semiabstractas que se erigen como metáfora del individuo. Los títulos que acompañan a sus creaciones son los que permiten comprender que estos peculiares seres creados por la artista, son en esencia, personajes extraídos de la cotidianidad. Mamá es un ejemplo distintivo, pues aparecen dos figuras de diferentes dimensiones. La mayor por su posición respecto al otro es precisamente la madre en su rol de sobreprotectora de esa criatura que ha traído al mundo. En La Familia, temáticamente, el acento recae una vez más en la necesidad de ese equilibrio del seno familiar como espacio formador del individuo. En este caso lo más significativo es que la creadora se aleja del pequeño y mediano formato para revelar su interés por otra manera de solucionar las propuestas en la cerámica cubana, pues nos hallamos ante una instalación. Estas piezas muestran cómo la artista comunica a sus hermosas y delicadas gallináceas, un carácter cotidiano cuando les adjudica, por los títulos y la posición en sus pequeñas o grandes piezas o instalaciones, sentimientos y debilidades de la condición humana.  [3]

Igualmente interesada por asuntos relacionados con la familia es preciso mencionar a Grisel Rivera Hernández (Camagüey, 1952). En su obra este tema es abordado a través de objetos comunes del hogar como cojines y cubiertos que se distinguen por su sobredimensión. Cada uno de estos elementos encarna a los miembros de su familia, por lo que se puede hablar de una importante dosis del componente de autorreferencialidad.  “Los Cojines de mamá” es una de sus más conocidas series con la que se adentra en las relaciones familiares, y plásticamente en el mundo espontáneo y colorista del arte popular. [4] Por otro lado podría decirse que con esta pieza la artista intenta evocar ese sentimiento de nostalgia que puede experimentar el ser humano cuando tiene ante sí algo tan intrascendente como son los cojines, pero que en este caso, según el título, pertenecen a la madre, una figura de suma importancia en la vida de los individuos.


II. Un discurso consciente y sólido en el quehacer cerámico femenino de las últimas décadas. La obra de Martha Jiménez, Teresa    Sánchez y Judith Valdés
Martha Jiménez Pérez (Holguín, 1948)
Martha Jiménez Pérez realizó sus primeros estudios artísticos en Holguín, su ciudad natal. Se graduó en 1965 de la Escuela Nacional de Instructores de Arte de esta provincia, en la que recibió una preparación básica sobre diferentes manifestaciones estéticas como la pintura, el dibujo, la escultura, el grabado e, incluso, algunos conocimientos elementales relacionados con el trabajo en la cerámica. Luego de haber culminado su formación en la mencionada instancia se mudó a Camagüey, específicamente, en 1968, para dar continuidad a su labor creativa. De modo que puede decirse que es camagüeyana por adopción.
Si bien esos primeros años de la década del noventa fungieron como plataforma de reflexiones que tenían entre sus premisas esenciales resaltar los valores identitarios de nuestra nación a través del componente étnico de su cultura –siendo ella misma portadora de esa cultura por su propia tez mulata-, así como de los objetos que la distinguen; luego, en el segundo lustro, supo recontextualizar tales referentes en pos de reparar en temas de índole social. De manera que se inauguró una nueva etapa en la obra cerámica de la artista en tanto afloró un pensamiento que desde la mujer hablaba entonces de su marginación, el abuso y la violencia a la que puede ser sometida en determinadas circunstancias.

Una de las obras que dieron inicio a este otro período creativo fue Cinturón de castidad (1997) que forma parte de su serie “Amantes bajo el tiempo”. Aparecen dos personajes principales: una joven que intenta proteger con sus manos la desnudez de su busto y sus piernas están como apresadas por medio de una especie de estructura con un candado semiabierto. A su lado, compartiendo el mismo asiento, se halla un hombre que pretende invadir la intimidad de su cuerpo. Por tanto, se está aludiendo a ese acto indeseado del que es víctima la mujer que se abstiene de todo goce carnal. Pero al mismo tiempo, pudiera entenderse como una sugerencia a las ideas que de antaño se manejan sobre el sexo femenino. A saber, esta ha sido vista como objeto de placer, deseada por su estado virginal, una pureza que debe conservar para un individuo a quien ha de ser entregada presa de todas estas cualidades que la subliman, pero que de no poseerlas la marginan y se convierten en motivo de humillación.

En For sale (1998) obra con la que participó por segunda vez en la Bienal de Cerámica “Amelia Peláez” y con la cual obtuvo un premio en tal certamen, puso de relieve el tema de la prostitución. En esta pieza, el personaje femenino se encuentra “servido”, cual apetitoso manjar, encima de una bandeja, mientras otros sujetos –turistas- contemplan con morbosidad sus exaltados atributos físicos. Con esta representación no solo se está haciendo referencia a esa actividad que supone el ofrecimiento del cuerpo a cambio de dinero, sino que además se brinda una visión vinculada, justamente, con esos (…) productos de nuestra identidad que se ofertan como estereotipos seductores y fácilmente comerciables a los visitantes extranjeros. [5] La artista se coloca en la posición del otro cultural que identifica a Cuba con la mulata, el mar y el sexo pagado. Se enfoca así en un lamentable asunto que ha marcado históricamente nuestro contexto.

También es necesario resaltar que por estos años ahondó en otras cuestiones de suma importancia. Se ha apuntado, por ejemplo, que uno de los tópicos que ha marcado su trabajo es lo femenino-erótico. Así lo evidencia Erótica (2003) que resulta peculiar por varias razones. Es la representación de una mujer desnuda y voluminosa, acostada sobre un pequeño banco con sus piernas abiertas y que se acaricia los senos. Lo interesante en esta propuesta es que Martha ofrece una concepción muy personal de lo que comúnmente se asume como erótico. Sus características formales -desde las posturas del personaje, los contrastes entre los materiales al emplearse los metales y la cerámica, y de la propia superficie esmaltada con un colorido oscuro- hacen que la obra sea desagradable visualmente y se distancie, sobremanera, de las usuales ideas que respecto a la sensualidad y el erotismo se manejan.

Por otra parte, es preciso apuntar que sus planteamientos feministas han sido expresados en algunas representaciones. La colmenera (2006) es un ejemplo significativo al respecto. Con esta pieza participó en la VIII edición de la Bienal de Cerámica “Amelia Peláez” y puso el acento en ese juego de poder que, en este caso, se establecía entre el sexo femenino y masculino. Para ello utilizó como protagonista a una colmenera –resuelta a tamaño natural - quien ha atrapado en una jaula al zángano, es decir, a ese usual vago de la colmena que vive del trabajo de las otras como el típico y comúnmente llamado “chulo” de los tiempos actuales. De modo que una posible lectura de esta propuesta bien podría estar relacionada con el hecho de que la mujer aboga por su propio reconocimiento, la igualdad y dignidad humana.

El trabajo que Martha ha desarrollado en estos últimos años ha sido muy intenso y sólido en la medida en que se ha interesado por numerosos temas, abordados desde perspectivas totalmente diferentes y cuyas posibilidades interpretativas pueden ser también disímiles. La mujer se desdobla para fungir como centro de una diversidad de discursos, en tanto le sirve para sugerir el componente étnico de nuestra cultura y se erige como símbolo de identidad. Pero también aboga a través de algunas propuestas por esa necesaria igualdad de género, a la vez que denuncia y cuestiona oficios a los que la fémina se ha abocado. Por tanto, este ser social –blanca, mulata, negra- trabajada con un lenguaje expresionista y hasta surrealista- se ha convertido para la creadora, según señala Leydis Izaguirre Jérez en un signo de búsquedas, reflexiones, cuestionamientos[6], pues ha constituido la protagonista de creaciones que tienen una importante significación social.

Teresa Sánchez Bravo (La Habana, 1964)

Teresa Sánchez Bravo inició sus estudios artísticos en la Academia de Artes Plásticas “San Alejandro”, institución de la que se graduó en las especialidades de Escultura y Dibujo en 1983. Posteriormente estudió la especialidad de cerámica escultórica en el Instituto Superior de Arte de Berlín Weissensee en la entonces República Democrática Alemana.  

La representatividad de su obra se concentra en la escultura y las instalaciones que revelan su gran dominio técnico, su capacidad para el empleo de diversos modos de expresión formal, así como la profundidad de los significados. Esta artista se insertó en el panorama cultural cubano a inicios de los años noventa. La muestra “Toma 2” (1993) marcó una primera etapa en la que ya el ser humano comenzó a adquirir un notable protagonismo. Muchas de las piezas de este período evidencian la influencia del neoexpresionismo alemán en el aspecto morfológico dada la deformación de las grotescas figuras, al tiempo que reparan en determinadas circunstancias contextuales en las que se ve inmerso el individuo. En este sentido es necesario resaltar que aunque no aparezca en muchos casos físicamente el hombre, este es evocado por medio del título y el trabajo objetual. Algunas de las obras que integraron la nómina de tal muestra fueron Lucha de fieras, Avestruz y Autoingestión, realizadas en 1993.

A partir de los 2000 distingue su quehacer la confluencia de diferentes lenguajes: figuración, expresionismo, abstracción…Las instalaciones cerámicas comparten escenario con otras manifestaciones y con materiales industriales. En el plano conceptual se ponderan cuestiones de alcance universal. Las identificaciones constituyen en determinadas piezas un vehículo para complejizar su comprensión, y a la vez un enganche y un distanciamiento.
Una de las obras que inauguró la década es Visitación, presentada en la muestra colateral a la V Bienal de La Habana, cuyo tema fue La Comunicación.  Se trata de una estructura rectangular de azulejos blancos, además se empleó cristal y barbotina. En ambos extremos de esta estructura aparecen dos especies de vulvas realizadas con barro, que por medio de un tubo transparente, una arroja un líquido de color rojizo –que puede simbolizar la sangre- en un recipiente de cristal, mientras que en la otra parte está vacío.  Esta posible evocación de la maternidad dada la representación de las vulvas, y el hecho de que por una de ellas se arroje “sangre” podría estar aludiendo al mismo tiempo al aborto o a la limpieza del útero para una nueva etapa de ovulación y fecundación.  Por su parte, el título nos sugiere el pasaje bíblico del encuentro de la Virgen María embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo e Isabel igualmente embarazada. En tal sentido se podría asociar esta obra a la elección de la mujer –ejemplificada en la Virgen María- por entes supremos para dar vida a otros seres y asumir su quehacer de madre. En términos formales, se aprecia el empleo del material cerámico en diferentes estados, lo cual resulta un intento válido para demostrar que la cerámica reflexiona sobre sí misma.

En el año 2002,  se realiza otra exposición muy interesante titulada “Las niñas no tiran piedras”, en la cual la cerámica compartió escenario con otra disciplina estética como es el caso de la fotografía. Esta propuesta deviene lo que pudiéramos considerar una experiencia performática. Básicamente consiste en un asiento encima del cual aparecen muñecas realizadas con barro y tela. A ello se unen fotografías de mujeres –la propia Teresa y creadoras contemporáneas- que asumen diferentes actitudes con esas mismas muñecas y que responden a sus experiencias personales. Las muñecas representan precisamente a tales creadoras incluida la Sánchez tal cual lucían cuando niñas.  Una de las artistas, por ejemplo, estaba a punto de dar a luz y entonces decide fotografiarse con el juguete entre sus piernas evocando el parto. El interés de Teresa con esta instalación-performática es esencialmente mostrar las notables diferencias entre esas dos etapas de la vida que son la niñez y la adultez, y para ello apela a la autorreferencialidad como estrategia discursiva.

La muestra “In Anima Vili” (2006) supuso para la artista un reto investigativo importante, pues su obra es una lección de cultura general, de mitología antigua y contemporánea. El ser humano, se mantiene en esta propuesta como centro de su trabajo, pues para él crea y sobre sus dificultades y logros ha discursado en disímiles ocasiones. De manera tangencial la fémina aparece y deviene un proceso de metamorfosis mediante el cual se nos presenta como una serpiente, animal mitológico repudiado por algunas culturas y adorado por otras.  Basto-Dermo es justamente el nombre que Teresa le ha dado a esa estructura de azulejos blancos esmaltados, muy rígida, geométrica, regular, y a la masa amorfa, especie de serpiente que se ha ido desintegrando y que es contenida y a la vez desborda la estructura espacial en la que se encuentra ubicada. De ahí que al tiempo que se deshace y alude a lo escatológico por sus características formales comunica la usual incertidumbre sobre su posible significado.  Los diez dibujos alusivos a las connotaciones de este animal para las diferentes culturas, refuerzan todas las variadas y encontradas nociones que se tejen alrededor de la serpiente, e incluso de la mujer que asume roles diametralmente opuestos en Occidente y en Oriente.  El título de la obra, amén de propiciar una relación más directa con el espectador, nos distancia  de una posible interpretación. Es por ello que se requiere de una búsqueda primero por la significación de estos términos que la Sánchez ha adoptado para nombrar la exposición. In Anima Vili según sus  propias palabras (…) indica la idea de un experimento en “un ser vil”, el gran ofidio, que sigue aún hoy, sirviéndonos de espejo.[7]

De manera que se ha llegado a un nivel de ambigüedad que se refuerza con todos los elementos que conforman esta instalación. Otro de los intereses de la artista es expandir los límites de la disciplina y continuar sus planteamientos sobre el individuo y el arte desde la oblicuidad. A propósito de lo dicho anteriormente la creadora expresó (…) La serpiente es tan abrumadoramente múltiple a nivel de símbolo, que dibuja lo impreciso, lo indefinido (…) se multiplica y relativiza hasta anularse en el desorden, el sinsentido, el vacío (…) es ápoda y cercana al monstruo en su hiperbolización como dragón; seduce y desagrada con facilidad, es todo y nada. ¿Qué mejor pretexto para acercarse a la incertidumbre del arte y de la propia existencia?[8]

Desde un discurso siempre polisémico, agudo y muy bien fundamentado en coherencia con la propia morfología propuesta se advierte que la artista, aunque no aborda el tema femenino de una manera absoluta y directa, sí en ocasiones ha reflexionado sobre algunas cuestiones del universo de la mujer con una dosis de ironía y cuestionamientos disímiles. De este modo, es consecuente con la propia naturaleza de su obra que odia los encasillamientos y las reiteraciones innecesarias.

Judith Valdés Gómez se motivó desde muy joven por las diferentes manifestaciones del arte. Da fe de ello su temprano ingreso -con solo 12 años- a la Escuela Vocacional de Arte de su provincia natal, institución de la que se graduó en 1988. Posteriormente, continuó sus estudios en la escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana (ENA), en las especialidades de pintura y escultura.

La artista se ha interesado por la escultura sin subestimar ningún material, por lo que apreciamos piezas en madera, cemento directo y también en arcilla. A través de este último ha contribuido a promover el desarrollo de la cerámica artística en Villa Clara, su provincia natal. En el plano formal se advierte el apego a la figuración y, especialmente, al expresionismo de principios del siglo XX en una primera etapa. Su obra es además sumamente autorreferencial. A propósito de tal afirmación considera (…) casi siempre soy yo, feliz o indefensa, y represento diferentes estados de ánimo: mis deseos de volar, mis frustraciones, el anhelo de salir adelante. Pienso que mi obra es misteriosa y un tanto enigmática. En una buena parte de mi trabajo suele estar representado un momento clave de mi vida.[9] 

Entre las temáticas abordadas, la condición femenina, ha sido una constante, además ha aludido a la insularidad, la cubanidad, la emigración, el naufragio, entre otros. El tema de la sexualidad constituye un complemento. Sus obras además transmiten ciertos sentimientos relacionados con la soledad y la libertad tanto física como espiritual del individuo.  Ejemplifican lo dicho previamente obras como Dame la mano y danzaremos (2000) en la cual imbricó coherentemente la cerámica y la madera. Es de pequeño formato y está conformada por una base sobre la que se disponen figuras femeninas desnudas arrodilladas alrededor de un recipiente en cuyo interior aparece un corazón ensangrentado. Además un individuo con una cabeza de toro se encuentra erguido observando al resto de los representados. Varias manos nos incitan a participar de esta especie de orgía o ceremonia ritual. Según la artista se trata de una alegoría a la infidelidad, al apasionamiento y a los problemas del corazón. Además empleó para el título la conocida letra de la canción “dame la mano y danzaremos”, y coloca varias manos en posición de invitación como un llamado a que se forme parte de lo que están viviendo estos seres porque ella considera que no se debe juzgar desde fuera. Es significativo además que haya utilizado la figura del macho cabrío, que nos recuerda el empleo que hizo Picasso del minotauro, como representación de una pasión desenfrenada. Es por tanto la contraposición entre un macho dominante y unos cuerpos femeninos que rodean al corazón sangrante. Como bien decía al inicio, las obras de Judith también nos sugieren sentimientos, y en este caso la desilusión, el dolor y el sufrimiento son algunos de los estados de ánimo que evoca esta propuesta estética.

En Multípara (2001) ha sido representada una figura femenina con una gran belleza, pero que posee seis senos. Judith vuelve a colocar a la mujer como centro de su discurso estético, pero apela a la intertextualidad ya que rememora la historia mitológica de la multípara. Esta obra es una alusión a la maternidad y uno de los intereses que persigue puede ser  mostrar que ha sido la fémina la escogida para amamantar a sus pequeños. De modo que la madre  tiene que multiplicarse para poder asumir las disímiles responsabilidades que se suman a las existentes.

La Hilandera (2003) constituyó su primer acercamiento al gran formato. Incorporó diferentes materiales a la cerámica, dígase el textil, el metal y la madera. Fue premiada en un Salón de Escultura organizado por el Consejo Provincial de Artes Plásticas en Santa Clara.  Nuevamente la artista retoma a la mujer aparentemente en una faena tan antigua como la de hilar, solo que, en este caso, la figura aparece aprisionada por su propia urdimbre. Pero al mismo tiempo, Judith le otorga una personalidad diferente a esta mujer común porque le colocó una especie de velo que se desplaza por el suelo. 

Con Mujer Palma (2004) no solo se mantiene en esa misma línea del gran formato, sino que la fémina es pensada desde otra perspectiva, o sea como metáfora de la cubanidad y de la identidad nacional. Pero el hecho de representar a la mujer como una palma real está igualmente en consonancia con su marcado interés de negar la idea que se tiene que el sexo débil es el femenino, pues según la artista uno de sus referentes fue la expresión popular “es un tronco de mujer”.

Por su parte, ¿Dónde está la orilla? fue laureada con el primer premio en el certamen La Vasija 2007. Según el jurado del evento (…) la obra hace gala de un magnífico acabado y el cuidado de cada detalle en la ejecución de los diversos elementos constitutivos (…) la artista expresa admirablemente su personal acercamiento a circunstancias de poético aliento y mágico clima surrealizante.[10] Nuevamente la cerámica se expande y se nos presenta como una instalación en la que se hace consciente la idea de que el espacio es parte totalmente integrante de la propuesta. En términos formales cabe resaltar que está conformada por cinco piezas: cuatro columnas o mujeres palmas y una canoa. Al interior de las columnas y de la canoa aparecen otras pequeñas figuras también realizadas con materiales cerámicos que funcionan de manera autónoma y que a la vez complementan las disímiles lecturas  que se pueden hacer de esta  instalación.

Además la idea de que estos cuatro tótems sean mujeres se puede entender como la intención de la artista en ofrecer un discurso de género en tanto nos presenta a la fémina que lleva toda la carga encima, que ha de superarse cada día- lo cual justifica las grandes dimensiones- y que no teme a expresar lo que siente y piensa. De ahí que nos muestra sin reservas todo lo que lleva dentro, es decir,  sus misterios, preocupaciones. El interés de esta propuesta es erigir un puente entre la historia y la vida personal de la creadora, y reconstruir mitologías y estereotipos que arrojaron a la mujer a la orilla.[11]Con esta obra como cierre de su trayectoria se puede afirmar que la figuración como lenguaje expresivo y los conflictos de los seres humanos, con especial énfasis en la figura femenina, ha sido la principal preocupación de la artista.

Conclusiones
De diferentes modos se ha ido generando un discurso por parte de las féminas para hablar y ahondar en sus propias preocupaciones y problemáticas. A través del arte y, en este caso, de la cerámica se han generado también reflexiones y polémicas, al tiempo que se lanzan interrogantes sobre lo femenino siempre desde una postura crítica. (…) las mujeres como seres sociales son productoras de símbolos, significados e historias que le dan sentido a su existencia.[12] Las artistas mencionadas han aportado recursos formales que apoyan sus criterios en torno a numerosas situaciones de la cotidianidad desde una postura a veces autorreferencial y con profundo anclaje  conceptual.



















Bibliografía

Fuentes escritas
Libros
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---------------------------------.La cerámica cubana entre el moderno y el postmoderno. (Inédito)
Revistas
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------------------------------.En la cresta de la ola, Revolución y Cultura. La Habana, No.3,  mayo – junio de 1994, pp. 24-27.
------------------------------.La cerámica a ocho manos creadoras, Revolución y Cultura. La Habana, No.7, julio de 1988, pp.40-46.
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Cárdenas, Katia. Terracota 4, del barro y las formas, Revolución y Cultura. La Habana, No.2, noviembre de 1999, pp. 3-4.
Castellanos, Lázara. Julia González. Ceramista, Nueva Gaceta. La Habana, No.5, mayo de 1986, pp.14-15.
Castellanos León, Israel. El barro también se instala, Arte Cubano. La Habana, No.1, 2005,  pp. 32-37.   
Escobar, Ernesto. Tres  Camagüeyanas, Antenas. Camagüey, No.5, mayo-agosto de 2001, pp. 27-37.
González Lorente, Margarita. Teresa Sánchez. Dibujo, no te olvido, Noticias de Arte Cubano. La Habana, enero de 2008.   
Jubrías, María Elena. Contemporaneidad de la cerámica cubana, Arte Cubano. La Habana, No.2, 2009, pp. 47-50.
-------------------------------.Amelia, creadora de lenguaje, Casa de las Américas. La Habana, No. XXXVI, abril – junio de 1996, pp.133-135.
Oraá, Pedro. Pensar la cerámica, Arte Cubano. La Habana, No.1, 2000, pp. 30-31.
Pérez, Isabel María. Cerámica artística: híbrida y contaminada. Entrevista a Alejandro Alonso, Arte Cubano. La Habana, No.2, 2000, pp. 56-61.
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Periódicos
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Catálogos
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Alonso, Alejandro G. Cerámica Cubana Contemporánea, (catálogo de la VII Bienal de La Habana). Castillo de la Real Fuerza, La Habana, noviembre 2000-enero 2001, pp. 204-206.
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-----------------------------.Certamen La Vasija, (catálogo). Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana, La Habana, 2009.
----------------------------.VIII Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, (catálogo). Salón Blanco del convento San Francisco de Asís La Habana, 2006.
-----------------------------.IX Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, (catálogo). Salón Blanco del convento San Francisco de Asís La Habana, 12 de junio – 31 de agosto de 2008.
---------------------------.Certamen La Vasija, (catálogo). Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana, La Habana, 2011.
---------------------------.X Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, (catálogo). Salón Blanco del convento San Francisco de Asís La Habana, 18 de junio – 31 de agosto de 2010.
---------------------------. XI Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, (catálogo).Centro Hispanoamericano de Cultura, La Habana, 2012.
Franco, Nancy. “Paralelas”. Exposición de pintura y escultura de Teresa Sánchez y Annery Velasco, (catálogo). Galería Boada del Cotorro, proyecto colateral a la IV Bienal de La Habana, La Habana, noviembre de 1991.
Lorente, Luis. Grisel Rivera. “Añoranzas”, (catálogo). Galería Galiano, La Habana, 1998.

Tesis
Abreu Proenza, Yanelis. La Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”: 1989-2004. Trabajo de Diploma. Tutora Dra. María Elena Jubrías. Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2006. (Inédito)
Bello Algecires, Odette y Liliam Lombera. Eva deja de ser costilla: la representación femenina en la plástica cubana a partir de 1990. Trabajo de Diploma. Tutora Dra. Adelaida de Juan. La Habana, 2004.
Jubrías, María Elena. El Taller de Santiago de las Vegas. Trabajo de doctorado. Tutora Dra. Rosario Novoa Luis. Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 1985. (Inédito)
Zulueta, Yanet. Cerámica artística de Camagüey: singular invitación cultural.  Tesis de Maestría. Tutora Dra. María Elena Jubrías. Facultad de Artes y letras, Universidad de La Habana, 2013. (Inédito)
Fuentes orales
Entrevista a Teresa Sánchez Bravo. Casa de la artista en Cojímar. 1 de agosto de 2016, 2:40 p.m.
Entrevista a Martha Jiménez Pérez. Vía correo electrónico. Martes 25 de septiembre de 2016, 1:30 pm.
Entrevista a Judith Valdés. Vía correo electrónico. 18 de noviembre de 2016, 1:00 pm.
Fuentes digitales
Izaguirre Jérez, Leydis. Martha Jiménez: un discurso que desde la periferia sacude el centro. (Texto inédito –corte ensayístico-, del archivo personal de la artista Martha Jiménez Pérez, consultado en versión digital)
--------------------------------.Lo recóndito femenino. (Texto inédito –reseña- del archivo personal de la artista Martha Jiménez Pérez, consultado en versión digital)
----------------------------------.Martha Jiménez: entre lo cubano y lo femenino. (Texto inédito –reseña- del archivo personal de la artista Martha Jiménez Pérez, consultado en versión digital)
---------------------------------. Lo femenino y la problemática migratoria en la pintura contemporánea de Martha Jiménez. Ponencia con motivo de Conferencia LASA 2009. (Texto inédito –corte ensayístico- del archivo personal de la artista Martha Jiménez Pérez, consultado en versión digital)
Lo cubano en la escultura contemporánea de Martha Petrona Jiménez. Palabras de la creadora Martha Jiménez a propósito de su participación como ponente en la  Conferencia LASA 2009. (Texto inédito en versión digital del archivo personal de la artista Martha Jiménez Pérez)
La visión de la mujer en las cerámicas de Martha Jiménez. En http://www.tvcamaguey.co.cu. Consultado el 8 de noviembre de 2013, 10:00 am.
Multimedia del Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana. La Habana, 2012.




[1] Odette Bello Algecires y Liliam Lombera. Eva deja de ser costilla: la representación femenina en la plástica cubana a partir de 1990. Trabajo de Diploma. Tutora Dra. Adelaida de Juan. La Habana, 2004, p.11.
[2] María Elena Jubrías. La cerámica cubana entre el moderno y el postmoderno. (Inédito)
[3] María Elena Jubrías. La cerámica cubana entre el moderno y el postmoderno. (Inédito)

[4] Idem
[5] Yanelis Abreu Proenza. La Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”: 1989-2004. Trabajo de Diploma. Tutora Dra. María Elena Jubrías. Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2006, p. 46. (Inédito)
[6] Leydis Izaguirre Jérez. Martha Jiménez: entre lo cubano y lo femenino. (Texto inédito –reseña- de los archivos personales de la artista Martha Jiménez Pérez, consultado en versión digital)

[7] Palabras de Teresa Sánchez Bravo en el catálogo de la Exposición In Anima Vili. Casa Simón Bolívar, La Habana, 2006.
[8]  Ídem
[9] Entrevista a Judith Valdés Gómez. Vía correo electrónico. 18 de noviembre de 2016, 1:00 pm.
[10]  Acta del Jurado del Certamen La Vasija 2007
[11]  Roberto Ávalos. Exposición de Judith Valdés ¿Dónde está la orilla?, (catálogo). Galería Provincial de Arte, Villa Clara, noviembre a diciembre de 2007.
[12] Odette Bello Algecires y Liliam Lombera. Eva deja de ser costilla: la representación femenina en la plástica cubana a partir de 1990. Trabajo de Diploma. Tutora Dra. Adelaida de Juan. La Habana, 2004, p. 8.

Obras 







































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